domingo, 20 de noviembre de 2011

Un festejo para no olvidar.

Por primera vez en la historia, una embarcación argentina se coronó en una de las competencias más importantes del calendario internacional; toda la gloria fue para Luca, de Alejo Rigoni.

 

 

  Las embarcaciones flotaban sobre las mansas aguas del Río de la Plata; muy mansas, por cierto. El sol quemaba como suele hacerlo pocos minutos después del mediodía y hacía de las suyas en la piel de los desprevenidos que imploraban por el viento que echara a andar la última de las regatas del Mundial de J-24, disputado en la Dársena Norte del Yacht Club Argentino.
  "Sube un tipo al bondi y el chofer le dice?", comienza la narración uno de los participantes por la radio que comunica a las tripulaciones. Carcajadas desde todos los rincones y los chistes comienzan a sucederse, uno tras otro, sin pausa. Amenizar la espera; ésa era la cuestión, luego de una largada que se postergó por más de tres horas.
  Debía comenzar a las 11; arrancó a las 14.35, cuando el viento se decidió a soplar a ocho nudos (casi 15 km/h). Estaban previstas dos regatas, pero las condiciones climáticas hicieron que se llevara a cabo sólo una. A las 15.54, Mendieta, de Francisco Van Avermaeten, era el primero en cruzar la meta de la novena y última de las competencias. Pocos segundos después arribó Luca, de Alejo Rigoni (terminó 4°), posición que le bastó para ser campeón mundial. El festejo de la tripulación completa tuvo de todo: empezó con los abrazos y el típico "¡dale campeón!" sobre el ya glorioso J-24. Terminó con varios chapuzones, bromas y, sobre todo, mucha emoción.

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