El SIC celebró la nueva conquista en la URBA con una fiesta a lo grande; hubo fuegos artificiales, un gran asado y baile hasta el amanecer.
El peso de su historia, quizá, resultó determinante para que la angustiosa final quedara a su favor. Amén del espíritu inquebrantable de un equipo que supo encontrar fuerzas y convencimiento en lo más profundo de su corazón. El SIC, cuando parecía que flaqueaba, fue un verdadero campeón de raza.
La muestra de carácter y el final con lágrimas de alegría por el drop de oro de Benjamín Madero, cuando la chicharra ya había sonado y se venían los penales para el desempate final, se convirtieron en la antesala de un recibimiento a medida en la sede de Boulogne.
Con la presencia de todos los jugadores del plantel superior, entrenadores de todas las divisiones, fuegos artificiales, un cancionero dedicado a los primos del CASI y un faraónico asado (280 chorizos, 70 kilos de colita de cuadril y varios costillares), el bicampeón de la URBA fue recibido con todos los honores.
El reencuentro en la Zanja no pudo ser más caluroso para un equipo que no sólo celebró en la final de Primera. También se coronaron las divisiones Pre Intermedia B y Menores de 22 años, por lo que el festejo fue completo.
Históricos representantes de su camiseta -y del rugby argentino- como Marcelo Loffreda, Diego Albanese o Gonzalo Longo -entre otros- fueron parte de una noche que quedará en el recuerdo de todos. Tras la ovación, al bajar del micro que lo transportaba, el campeón ingresó al quincho que ya estaba bien aclimatado para la larga fiesta que lo precedió.
Una inmensa máquina de humo, las mejores luces y 21 bolas de boliche, que colgaban del techo, plantearon un escenario ideal para recibir a las 2000 personas que se acercaron a felicitar al monarca de Buenos Aires. El improvisado cotillón corrió por parte de uno de los referentes del plantel que, una vez todos adentro del quincho, abrió un matafuego y bañó a la concurrencia con una enorme marea blanca de espuma.
A pesar de que la noche había comenzado muy temprano -partido incluido- no terminó hasta bien entrado el mediodía. Para repetir la modalidad que se instauró en el festejo de 2010, la mayoría joven del plantel (unos quince jugadores) partió al amanecer rumbo a lo de Francisco Roher. Allí, el padre del wing los esperó con un cordero al asador que resultó el corolario de una velada que también tuvo tiempo suplementario en los festejos.
Benjamín Madero, capitán y héroe de la nueva conquista del SIC con su agónico drop, recordó con emoción el recibimiento que le brindaron a su regreso de La Plata. "Fue espectacular. Llegamos a eso de las 12 y estaba repleto de gente. Había una parrilla llena y toda la gente del club, viejos, jugadores, hubo fuegos artificiales, bombos. Estaba todo dado para que sea la mejor noche."
Y agregó: "Lo disfrutamos, cantamos y bailamos. Dicen que hubo un matafuego, pero no sé quién lo abrió. Quedó todo el piso del quincho blanco", dijo con una sonrisa cómplice.
Pero no todo quedó allí, sino que le ganaron horas al domingo para alargar la celebración. "Después nos fuimos a comer un asado, a las 9 de la mañana, a lo de Fran Roher. El viejo de él siempre nos recibe bien y nos tiró un cordero a la parrilla. No nos podíamos ir. Esperamos hasta las 11 que se haga y comimos. Éramos bastantes los despiertos..., los viejos ya se habían ido a dormir", aseguró el apertura.
Con un gran orgullo, Madero manifestó que "todo lo que pasó como el recibimiento y la fiesta era lo que esperábamos, además de los festejos después del partido". Por otro lado, al referirse a las sensaciones que le quedaron luego del partido frente a Alumni, sostuvo que "es espectacular. Recién al mediodía volví a ver el partido y no nos salían cosas, pero había que ganarlo. Cuando las cosas no salen y ganás el partido es lo más lindo del mundo".
En cuanto al balance de la temporada, el jugador se apuró a aclarar que "todavía no terminó el año. Así que podemos hacer uno parcial y es totalmente positivo. Más allá del campeonato destaco la mejoría en el juego y cómo lo disfrutamos", concluyó el 10.
El peso de su historia, quizá, resultó determinante para que la angustiosa final quedara a su favor. Amén del espíritu inquebrantable de un equipo que supo encontrar fuerzas y convencimiento en lo más profundo de su corazón. El SIC, cuando parecía que flaqueaba, fue un verdadero campeón de raza.
La muestra de carácter y el final con lágrimas de alegría por el drop de oro de Benjamín Madero, cuando la chicharra ya había sonado y se venían los penales para el desempate final, se convirtieron en la antesala de un recibimiento a medida en la sede de Boulogne.
Con la presencia de todos los jugadores del plantel superior, entrenadores de todas las divisiones, fuegos artificiales, un cancionero dedicado a los primos del CASI y un faraónico asado (280 chorizos, 70 kilos de colita de cuadril y varios costillares), el bicampeón de la URBA fue recibido con todos los honores.
El reencuentro en la Zanja no pudo ser más caluroso para un equipo que no sólo celebró en la final de Primera. También se coronaron las divisiones Pre Intermedia B y Menores de 22 años, por lo que el festejo fue completo.
Históricos representantes de su camiseta -y del rugby argentino- como Marcelo Loffreda, Diego Albanese o Gonzalo Longo -entre otros- fueron parte de una noche que quedará en el recuerdo de todos. Tras la ovación, al bajar del micro que lo transportaba, el campeón ingresó al quincho que ya estaba bien aclimatado para la larga fiesta que lo precedió.
Una inmensa máquina de humo, las mejores luces y 21 bolas de boliche, que colgaban del techo, plantearon un escenario ideal para recibir a las 2000 personas que se acercaron a felicitar al monarca de Buenos Aires. El improvisado cotillón corrió por parte de uno de los referentes del plantel que, una vez todos adentro del quincho, abrió un matafuego y bañó a la concurrencia con una enorme marea blanca de espuma.
A pesar de que la noche había comenzado muy temprano -partido incluido- no terminó hasta bien entrado el mediodía. Para repetir la modalidad que se instauró en el festejo de 2010, la mayoría joven del plantel (unos quince jugadores) partió al amanecer rumbo a lo de Francisco Roher. Allí, el padre del wing los esperó con un cordero al asador que resultó el corolario de una velada que también tuvo tiempo suplementario en los festejos.
Benjamín Madero, capitán y héroe de la nueva conquista del SIC con su agónico drop, recordó con emoción el recibimiento que le brindaron a su regreso de La Plata. "Fue espectacular. Llegamos a eso de las 12 y estaba repleto de gente. Había una parrilla llena y toda la gente del club, viejos, jugadores, hubo fuegos artificiales, bombos. Estaba todo dado para que sea la mejor noche."
Y agregó: "Lo disfrutamos, cantamos y bailamos. Dicen que hubo un matafuego, pero no sé quién lo abrió. Quedó todo el piso del quincho blanco", dijo con una sonrisa cómplice.
Pero no todo quedó allí, sino que le ganaron horas al domingo para alargar la celebración. "Después nos fuimos a comer un asado, a las 9 de la mañana, a lo de Fran Roher. El viejo de él siempre nos recibe bien y nos tiró un cordero a la parrilla. No nos podíamos ir. Esperamos hasta las 11 que se haga y comimos. Éramos bastantes los despiertos..., los viejos ya se habían ido a dormir", aseguró el apertura.
Con un gran orgullo, Madero manifestó que "todo lo que pasó como el recibimiento y la fiesta era lo que esperábamos, además de los festejos después del partido". Por otro lado, al referirse a las sensaciones que le quedaron luego del partido frente a Alumni, sostuvo que "es espectacular. Recién al mediodía volví a ver el partido y no nos salían cosas, pero había que ganarlo. Cuando las cosas no salen y ganás el partido es lo más lindo del mundo".
En cuanto al balance de la temporada, el jugador se apuró a aclarar que "todavía no terminó el año. Así que podemos hacer uno parcial y es totalmente positivo. Más allá del campeonato destaco la mejoría en el juego y cómo lo disfrutamos", concluyó el 10.

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